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28 de enero de 2011

Variabilidad climática: el mejor paliativo es la información


Graciela Magrín, especialista del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, analiza el impacto del cambio climático en la agricultura en el contexto de un año Niña.

Variabilidad climática: el mejor paliativo es la información

El impacto del clima en la agricultura implica factores múltiples y complejos que provocan consecuencias directas e indirectas, en los rendimientos y la sustentabilidad, que a menudo son positivas y a veces son negativas. Durante las últimas décadas del siglo XX se observaron aumentos significativos de las precipitaciones en el sur brasileño, Uruguay y el centro y noroeste argentino, entre otras zonas, al tiempo que se redujeron las lluvias en el centro-sur de Chile,  las regiones sureñas de Perú y el centro oeste de la Argentina. En la misma línea, se incrementó también la ocurrencia de eventos extremos y sin precedentes que alertan sobre la vulnerabilidad de la agricultura frente a las afecciones de los recursos naturales.

Pero la variabilidad climática existió siempre. En todas las épocas hubo años húmedos, secos, más calurosos o más fríos. Con el cambio climático, esos eventos que suelen llamarse extremos –porque provocan sequías fuertes, inundaciones, olas de calor, etc.– se dan en forma más frecuente y acentuada. Así, a la habitual variabilidad se suma una intensificación de esos eventos extremos. Hoy, en términos de variabilidad climática, varios países registran fenómenos sin precedentes en los registros históricos de observaciones.  Si bien la agricultura posee una gran capacidad de adaptación a los cambios paulatinos, los eventos extremos pueden constituir una amenaza que debe considerarse con atención.

Estos fenómenos no se dan sólo en la Argentina sino que se registran globalmente. La campaña 2010/11 corresponde a un año calificado como La Niña porque existe una variabilidad interanual del clima asociada con la temperatura del océano Pacífico. Cuando esa temperatura es normal, se dice que los años son Neutros y, del mismo modo, otros ciclos se denominan El Niño o La Niña en función de que la temperatura esté por encima o por debajo de lo normal en esa zona del Pacífico.

Como es sabido, es muy probable que durante los años La Niña, la región pampeana argentina –así como Uruguay, parte del sur de Brasil y parte del Paraguay– registre lluvias por debajo de lo normal durante el fin de la primavera y el comienzo del verano. Pero aún dentro de la misma región pueden darse diferencias importantes: la sequía puede manifestarse en toda la zona o en parte de ella, incluso en distintos grados dentro de una escala geográfica pequeña.

De acuerdo con algunas estadísticas, en ese tipo de años (La Niña) existen situaciones de sequías con lluvias por debajo de lo normal, especialmente desde mediados de octubre hasta fines de diciembre. Las precipitaciones de enero y febrero suelen ser más independientes de este fenómeno y la señal retorna en marzo-abril, con elevada probabilidad de tener lluvias inferiores a lo normal. De esta forma es que, en términos probabilísticos, durante un año La Niña la región núcleo del país posee casi un 80% de probabilidad de que las lluvias se encuentren por debajo de lo normal.

Sin embargo, existen otras fuentes de variabilidad climática interanual que pueden cambiar la situación en algunas zonas de la región pampeana. Las anomalías de  temperatura del océano Atlántico influyen sobre las precipitaciones y los rendimientos de maíz en el sur-sureste de la provincia de Buenos Aires. Si la temperatura del Atlántico es  elevada durante el mes de octubre –situación registrada en ese mes de 2010–, es muy probable que las lluvias sean adecuadas y los rendimientos de maíz sean normales o superiores a lo normal en el sudeste bonaerense, aunque se esté en presencia de un año La Niña.

En este contexto emerge una suerte de juego: por un lado, la temperatura del Pacífico está diciendo que el año es La Niña, por lo cual hay probabilidades de tener lluvias por debajo de lo normal al fin de la primavera, al comienzo del verano y en parte del  otoño. Y por otro, aún siendo La Niña, si la temperatura del Atlántico está por arriba de lo normal es muy probable que el sur-sudeste de Buenos Aires tenga lluvias adecuadas y producciones normales o elevadas de maíz.

En este marco, debe decirse que se ha tomado una conciencia muy generalizada de que el clima está cambiando. En los últimos años esta temática se instaló en las agendas sociopolíticas y hay gran avidez de información. En el ámbito tecnológico existen alternativas que desde el INTA pueden ayudar a tomar mejores decisiones en años climáticamente problemáticos. Por ejemplo: si el año es La Niña conviene retrasar la fecha de siembra  del maíz  para evitar que la floración ocurra en Diciembre donde es muy probable que ocurran deficiencias de agua. Otra opción es disminuir la dosis  de fertilizante a la siembra  y reforzarla durante el ciclo si la disponibilidad de agua lo permite.

Estos son algunos de los paliativos que pueden utilizarse para disminuir los impactos negativos en un año que puede ser complejo. Y, sin lugar a dudas, deben promoverse actitudes de operación efectivas.


Este artículo es parte de la edición impresa del INTA Informa #111