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9 de octubre de 2017

Comunidades protagonistas de su propio desarrollo


Gracias al sistema de extensión del INTA y a un programa de capacitaciones, productores hortícolas del departamento formoseño de Ramón Lista buscan satisfacer parte del abastecimiento de verduras, en una región que importa el 95 % de sus alimentos.

Comunidades protagonistas de su propio desarrollo

Aunque el padre de Alicia Vega fue maestro huertero en El Potrillo –Formosa–, ella nunca pensó que sembrar y cosechar verduras podría ser una fuente de trabajo. “Sinceramente no se veía como una salida laboral”, dijo la joven wichí, quien es parte de un proyecto de desarrollo local para promover la autoproducción de alimentos y la venta de excedentes.

Alicia es parte de un grupo de egresados de la tecnicatura en Economía Social del Instituto de Enseñanza Superior Docente y Técnica Intercultural Bilingüe, quienes, como práctica en su carrera, comenzaron a hacer huertas para autoconsumo. Tras egresar, plantearon asociarse para comercializar y diversificar los productos que ofrecen.

Así, en la huerta de Alicia conviven acelga, perejil y zanahoria y, como otros jóvenes, apuesta al asociativismo para vender su producción durante los fines de semana en su localidad, donde viven unos 2.500 habitantes. “El INTA nos brinda mucho apoyo mediante la capacitación, más allá de darnos semillas de varias especies”, explicó. Además, reciben mangueras de riego por goteo, media sombra y herramientas de parte de una empresa petrolera.

A unos 45 kilómetros de esa localidad, existe otro trabajo interinstitucional en el que participan dos establecimientos educativos del paraje formoseño El Quebracho –la Escuela Agrotécnica Provincial N° 10­ y la Escuela Primaria de Frontera N° 5 (Ministerio de Cultura y Educación provincial) – y el INTA, desde la agencia de extensión rural de El Chorro, ubicada en el pueblo homónimo, cabecera de departamento, que a menudo se confunde con su antiguo nombre, General Mosconi.

Allí, los productores hortícolas pertenecen a las culturas criolla y a la comunidad originaria wichí. Entre ellos, ocho productores trabajan junto con las escuelas y el INTA y afrontan grandes desafíos que pueden colocarlos en nuevos espacios de visibilidad y valoración.

El Chorro tiene unos cinco mil habitantes y dista a siete kilómetros de la frontera con Salta, de donde importan la mayoría de sus verduras, en particular, desde la localidad de Orán, ubicada a unos 300 kilómetros. De hecho, en las provincias de Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones, alrededor del 80 % de los alimentos son importados desde otras regiones.

Un grupo de estudiantes comenzó a hacer huertas para autoconsumo. Tras egresar, plantearon asociarse para comercializar y diversificar los productos que ofrecen.

“Al importar, por el costo del flete, los precios son altos y la verdura llega en pésimas condiciones, sucia, deshidratada”, dijo Virginia Bianco, extensionista de la Agencia del INTA en El Chorro. Junto con otras instituciones, promueve el gran cambio de paradigma para los agricultores familiares del paraje: ser productores de frutas y verduras con emprendimientos sostenibles a largo plazo gracias a la capacitación en temas esenciales, como el mejoramiento de los sistemas productivos y los aspectos comerciales.

“Comenzamos con las capacitaciones hace tres años, con alumnos que estaban terminando sus estudios en la tecnicatura en Economía Social y con los de la escuela secundaria agrotécnica y tenían como trabajo práctico implementar una huerta. Arrancamos a brindar nuestro apoyo en sistemas productivos”, dijo Bianco. Entre otros puntos, Bianco focaliza su capacitación en los abonos, el trabajo ordenado en fertilidad de suelos y en repensar las distintas posibilidades de producción que se abren.

A la par del trabajo formativo y de capacitación que lleva adelante el INTA, junto a la delegación zonal de Educación de Ramón Lista, se dictan cursos para los maestros huerteros de las comunidades aborígenes y parajes criollos, encargados de poner en marcha las huertas agroecológicas de las escuelas de la región. En este contexto, los huerteros de El Chorro se proponen producir zapallo, acelga, lechuga, melón, maíz, sandía, tomate y morrón, aromáticas, entre otras frutas y verduras, además de ornamentales.

“Nosotros producimos verduras agroecológicas y, como es una producción local, no hay costo de flete”, señaló la extensionista, quien precisó: “El objetivo específico de este proyecto es el autoabastecimiento local de hortalizas, introducir las verduras en la dieta diaria familiar y vender los excedentes”.

Bianco: “El objetivo específico de este proyecto es el autoabastecimiento local de hortalizas, introducir las verduras en la dieta diaria familiar y vender los excedentes”.

Los productores del departamento Ramón Lista son ganaderos que producen en pequeña escala y productores de las comunidades wichís, que se dedican históricamente a la crianza y, ocasionalmente, venta de cabritos, producción de cercos tradicionales en la zona de bañado del Río Pilcomayo y pesca, compensada con trabajos temporarios e inconstantes.

La inserción social y económica mediante la venta de frutas y verduras producidas en huertas agroecológicas es todo un cambio cultural, que los posiciona con valor propio dentro de la sociedad, además de brindarles herramientas para ser autónomos al momento de desarrollarse dentro y fuera de las comunidades.

“El aumento del volumen de la producción, las mejoras en los canales de comercialización, el aumento de ingresos y otros parámetros en los que creemos ser especialistas, sólo se obtendrán con permanencia en el tiempo si logramos que los productores de alimentos valoren conscientemente lo que son, lo que pueden, lo que valen socialmente”, explicó la extensionista.

En este contexto, Bianco participó del programa de Formación de Facilitadores de Procesos de Innovación Comercial del NEA, una iniciativa organizada por la Coordinación Nacional de Transferencia y Extensión del INTA y financiada por el programa ProHuerta (INTA-MDS), implementada junto al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con el apoyo de la Fundación ArgenINTA y la Asociación Civil Incluir.

 

Bianco: “No sólo hacemos capacitación en huertas sino también en cocina para preparar comidas con acelga, perejil, cebolla de verdeo y común, zanahoria, remolacha, todo a base de verduras”.

Las verduras a la mesa

“Ellos siempre trabajaron la huerta en modo tradicional, lo que aportamos desde el INTA es tecnología de adaptación para, por ejemplo, mantener la fertilidad de los suelos con abono. Y además incentivamos la organización como modo de comercialización a futuro, fomentando las ferias francas mensuales”, dijo Bianco. La capacitación comercial comprende, además, fijar precios unificados entre todos los productores para que exista una competencia justa.

Uno de los problemas habituales de haber crecido en producción es que suelen encontrarse con un excedente que choca contra los hábitos de consumo arraigados localmente. Por eso el proyecto considera al eslabón final de la cadena: el consumidor. De modo que, además del aspecto productivo, el proyecto abarca cuestiones vinculadas con lo nutricional y lo comercial.

Junto con la Escuela Agrotécnica Provincial N° 10 de El Quebracho, la extensionista completa la pata educativa del proyecto, enfocando su mirada en los consumidores para brindar modos de cocción de las verduras que incentiven su consumo.

En ese sentido, Bianco señaló: “No sólo hacemos capacitación en huertas sino también en cocina. Les enseñamos a preparar comidas con acelga, perejil, cebolla de verdeo y común, zanahoria, remolacha, todo a base de verduras”. A su vez, gracias a un secadero solar adquirido por el colegio, también trabajan con productos deshidratados. “Para la comunidad, esto es todo innovación y agregado de valor. Entonces la gente vende en fresco y lo que no se vende lo diseca, envasa y lo puede guardar y tiene una chance más de venta”, aseguró.

“Enseñamos a las familias de las comunidades a cocinar con las verduras para que las incorporen a sus menús y que haya un mayor acostumbramiento y conciencia del valor de consumir producción propia o comprada a los huerteros”, explicó Natalia Lupia, profesora de la escuela agrotécnica de El Quebracho y coordinadora del área de producción. Desde ese espacio, además, reciben apoyo del Ministerio de Producción y Ambiente de la provincia de Formosa, que aporta herramientas y materiales diversos.

Según la profesora, el cambio de hábito para que se consuman cada vez más verduras frescas de huerta es fundamental para el desarrollo de las familias de estas comunidades. “Aprender a cocinarlas es un gran paso para este cambio”, dijo Lupia y destacó que por primera vez ya están recibiendo pedidos de muchas familias “para que les enseñemos a hacer huertas”. De esta manera, quienes son a la vez productores y consumidores demuestran cada vez más su incentivo para lograr un cambio en pos del desarrollo territorial.

De esta forma, la agencia de extensión rural del INTA en El Chorro continúa el trabajo tranqueras adentro, como siempre lo hizo. Pero, a su vez, promueve estrategias innovadoras en los procesos comerciales, articula vínculos y contempla los saberes y costumbres locales para mejorar las condiciones de vida y el arraigo de los dos actores centrales de la cadena: el productor y el consumidor.