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11 de septiembre de 2017

En Salta, la agroindustria campesina innova con estrategia comercial


De la mano de los extensionistas del INTA, las 24 organizaciones que integran las Comunidades Unidas de Molinos inauguran su segundo local de venta de alimentos y productos textiles artesanales. Un aporte al arraigo y desarrollo de las familias.

En Salta, la agroindustria campesina innova con estrategia comercial

Ponchos, tapices, hilados y telas de primera calidad, cargadas de historia y tradición cultural. Así son las artesanías textiles que elaboran unos 600 productores de los Valles Calchaquíes, agrupados en las 24 organizaciones que conforman las Comunidades Unidas de Molinos (CUM). Bajo esa marca común y junto con los extensionistas del INTA –con quienes trabajan desde hace 16 años–, los productores campesinos inauguran hoy un local de venta al público en el centro histórico y turístico de la ciudad de Salta.

En el 268 de la calle España, a apenas dos cuadras de la catedral que preside la plaza 9 de Julio y casi al pie del cerro San Bernardo, la Tienda Artesanal de la CUM es el segundo local que suma la agrupación, tras el inaugurado en Cafayate en julio pasado. El logro fue posible gracias a un microcrédito del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y una estrategia comercial innovadora.

“El hecho de que los propios productores y artesanos de 24 comunidades campesinas tengan la posibilidad de vender de manera directa lo que ellos mismos producen, es absolutamente una reivindicación del sector”, dijo Paula Olaizola, extensionista del INTA Seclantás –Salta–. “Pasamos de vender un kilo de hilo al lado del corral, dependiendo de intermediarios, a que ellas mismas vendan en un local bien puesto en el centro turístico de la ciudad”, explicó.

Así, entre el vellón y la venta directa de productos de alta calidad y con mucho valor agregado, existe un salto de rentabilidad de al menos un 300 %. “La diferencia es muchísima”, enfatizó Olaizola, quien lleva 15 años trabajando junto con la CUM y la ONG Valles de Altura, que participa del equipo técnico y es la cara legal y administrativa de la comunidad. De hecho, en este caso, esa ONG alquila el local.

Para los protagonistas de esta experiencia, el cambio de condición social es uno de los efectos más movilizadores. “Nadie espera que un grupo de campesinos tenga la potencialidad de asumir un local de venta, con productos hechos por ellos mismos, que son hermosos, que son de calidad y que además son inclusivos”, explicó la extensionista.

A su vez, “la gloria de este proceso”, en palabras de Olaizola, es la capacitación de técnicos campesinos: “Somos formadores de formadores y hoy es la propia comunidad quien se ocupa de todo. Ya tenemos diez diseñadoras campesinas, que se formaron a partir de un entrenamiento laboral del Ministerio de Trabajo y hoy están haciendo sus diseños”. En esa línea, la técnica destacó que en la agencia de extensión del INTA en Seclantás trabajan tres extensionistas, quienes también viven en ese territorio y con quienes las comunidades trabajan de manera mancomunada.

Gracias a esta red y con el apoyo del INTA, fue posible consolidar un centro de formación campesino, el programa entrenamientos laborales, escuelas de formación artesanal y la marca colectiva, que otorga un mismo sentido de identidad cultural, al tiempo que permite vender a mejor precio y generar instancias conjuntas de comercialización.

“La familia campesina no es solamente hilandera”, aclaró Olaizola, “sino que tiene un sistema integral con producción agrícola, ganadera y artesanal. Por eso pensamos en promover todas las actividades y nuestra estrategia fue abrir los dos locales a la vez para potenciar la producción familiar”.

Mientras que en el local de Cafayate se destacan productos alimenticios, la nueva tienda de Salta ofrece hilos, ropa de diseño bajo la marca CUM y prendas de gran elaboración como ponchos y tapices, cargados con la identidad ancestral de los Valles Calchaquíes. “Sabemos que el consumidor valora el producto artesanal que consume por todo lo que traslada ese producto: historia, tradición y trabajo familiar”, argumentó Olaizola quien, además, explicó: “Con el diseño generamos una diferenciación productiva para que estos productos se vuelvan competitivos y accedan a nuevos mercados”.

Olaizola: “Mediante la metodología participativa, logramos que las artesanas muestren su potencial, exploren su creatividad y expresen su conocimiento ancestral”.

Diseño y creatividad para potenciar lo ancestral

Los productores de la CUM requieren asistencia técnica del INTA tanto para el acceso a los mercados como para el diseño. Este acompañamiento les posibilita incorporar herramientas para diferenciarse y agregar valor en origen.

En esa línea y en atención a la demanda, la Coordinación Nacional de Extensión del INTA creó el área Diseño y Valor Agregado a la Producción Artesanal, que permitió incorporar diseñadores al equipo técnico territorial de Seclantás. Este equipo comparte sus conocimientos profesionales a las artesanas y las ayudan a agregar valor a sus producciones.

“Con el entrenamiento aprendí a tejer prendas más grandes y con diseño. Antes tejíamos prendas ya diseñadas por alguien, pero ahora empezamos a diseñar nosotras y yo pienso que está bueno porque son nuestras ideas”, aseguró Griselda Morales, artesana de Resistencia, Chaco. “Antes, yo veía que eran prendas muy gordas, con mucho peso y ahora son muy diferentes. Se ve el cambio en la forma del tejido y en el diseño”, reconoció.

Maura Morales –hilandera desde los siete años– destacó su experiencia con el diseño de la mano del INTA y lo consideró “un recurso que da trabajo y que económicamente sirve mucho”. Lo mismo le pasó a Griselda, quien aseguró haber tenido una experiencia “muy buena” en la que aprendió a diseñar prendas nuevas y a sacar medidas, lo que benefició su trabajo.

Para Marcela Duhalde –referente del área de Diseño y Valor Agregado a la Producción Artesanal de la Coordinación Nacional de Extensión del INTA–, “el diseño funciona como herramienta de desarrollo”. De acuerdo con ella, “agregar valor a la producción artesanal textil es un área de trabajo que tiene la potencialidad de reivindicar el rol de la mujer rural mediante la valorización del trabajo en el ámbito doméstico y de sus saberes”.

De esta manera, el equipo promueve la incorporación de prendas modernas que no sólo sean compradas por los turistas como souvenir, sino como vestimenta. Según Duhalde, entender al diseño como estrategia les permite “potenciar y transformar los insumos naturales en productos afines al estilo de vida de las ciudades, ampliando sus posibilidades de venta, mejorando sus condiciones de comercialización y contribuyendo, así, al arraigo y desarrollo de las familias campesinas en sus territorios”.

Por caso, las fichas técnicas son una de las herramientas con mayor impacto entre las artesanas, debido que detallan el proceso de armado de una prenda y permiten que un mismo producto pueda ser hecho por más de una persona. En este sentido, la especialista explicó que “mediante la metodología participativa y la utilización de determinadas herramientas de diseño, logramos que las artesanas muestren su potencial, exploren su creatividad y expresen su conocimiento ancestral”.

Para Claudio Plotkin –presidente de la ONG Red Valles de Altura–, “existe una desarticulación forzada de la cadena que hace que, si bien las prendas artesanales sean confeccionadas con telas e hilados de altísima calidad, al producto final le falte profesionalismo”, puntualizó.

En este sentido, Plotkin destacó el rol de la escuela de formación campesina: “Junto con el INTA construimos conocimiento y, de la mano de las herramientas de diseño, logramos poner en valor los saberes ancestrales para generar un producto posible de ser utilizado por el público urbano”.

Asimismo, Plotkin señaló que trabajan en una resignificación de las políticas públicas a partir de las cuales fomentan la capacidad de autoempleo de las artesanas.