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29 de mayo de 2017

De Brasil a Sudáfrica: la extensión rural del INTA se exporta al mundo


Con un reconocimiento que supera las fronteras, la Coordinación Nacional de Extensión del instituto participa de diversas actividades en Brasil, Uruguay y Sudáfrica. Buenas prácticas, trabajo asociativo y ProHuerta son los temas más destacados.

De Brasil a Sudáfrica: la extensión rural del INTA se exporta al mundo

Aunque esté presente en más de 400 puntos del país, el INTA expande su alcance y lo hace fronteras afuera. Esta semana se registró una actividad internacional inusual: con actividades en Uruguay, Brasil y Sudáfrica, extensionistas del instituto llevaron su know-how para transmitir la experiencia adquirida en diversas estrategias de desarrollo territorial.

De esa manera, profesionales de la Coordinación Nacional de Transferencia y Extensión (CNTE) del INTA participaron del congreso “Intercambio de experiencias en buenas prácticas de extensión rural en la región sur” –organizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en Brasil– y del taller “Fortalecimiento de los procesos de innovación de la agricultura familiar en los países del Cono Sur de América” –organizado por el Procisur y llevado a cabo en Montevideo (Uruguay)–. A su vez, como parte de una misión oficial de la cooperación FOAR Sur-Sur de la cancillería Argentina a Sudáfrica, comenzaron las tareas de cooperación en torno a estrategias de extensión rural junto a la Universidad de Pretoria y el Agricultural Research Council (ARC) de ese país africano.

Brasil: buenas prácticas de extensión rural

“De cara al 2050, tenemos que enfrentar una serie de desafíos complejos: satisfacer una demanda creciente de alimentos, consolidar el cuidado del ambiente y lograr un desarrollo inclusivo y equitativo”, expresó Diego Ramilo, coordinador nacional de Transferencia y Extensión del INTA, quien agregó: “Para cumplir con estas metas apostamos a la innovación, que está en el centro de la integración entre la investigación y la extensión de calidad”.

Ramilo participó como representante del instituto en el congreso “Intercambio de experiencias en buenas prácticas de extensión rural en la región sur”, organizado por el IICA en Brasilia (Brasil). Allí, realizó una presentación centrada en diversas experiencias de buenas prácticas de extensión rural en la Argentina, entre las cuales destacó a los programas de eficiencia de cosecha y poscosecha de granos, Cambio Rural y ProHuerta.

“La experiencia del PRECOP demuestra cómo el INTA condujo, en paralelo, distintos procesos de organización para promover el asociativismo cooperativo y de intensificación productiva sustentable (con transferencia tecnológica en insumos, manejo, maquinaria, tecnificación, etc.)”, sostuvo Ramilo. A su vez, precisó que el resultado de ese trabajo se observa en “una mejora significativa en la rentabilidad del sector más capitalizado de la agricultura pampeana”.

De hecho, al reducirse la ineficiencia en la cosecha de granos (que registra pérdidas de entre 25-50 %, según el cultivo, por más de mil millones de dólares anuales) el país recupera 204 millones de dólares anuales por menor pérdidas físicas en granos y 270 millones de dólares por una mayor producción de carne y leche, al contar con más y mejor forraje conservado.

“Este solo ejemplo manifiesta las evidentes ventajas de un sistema de innovación donde la extensión rural se articula con la investigación”, expresó el coordinador del INTA, para quien “esta sola línea de trabajo basta para que el instituto recupere más del 100 % de su asignación presupuestaria”.

Luego se refirió al programa Cambio Rural, que cumplirá 25 años en 2018. Esta iniciativa logró reducir debilidades tecnológicas y comerciales entre productores, así como fortalecer las economías regionales. “Entre sus resultados es posible referirse a miles de grupos acompañados por el INTA que trasformaron pueblos, ejemplo directo de desarrollo local”, dijo Ramilo, quien destacó el caso de las Comunidades Unidas de Molinos: 400 familias de los Valles Calchaquíes que venden productos textiles con marca propia y diseño innovador. “Este grupo pasó de estar desorganizado y vender fibras sin procesar a precio vil, a agregar valor de manera exponencial”, describió.

Por último, Ramilo se refirió al ProHuerta, implementado junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Este programa se ha consolidado como política pública con casi tres décadas de trayectoria, redes de cooperación sólidas y la capacidad de adaptarse a distintos contextos. “Nació para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de población vulnerable urbana y periurbana y también rural, pero evolucionó para convertirse en un programa integral de desarrollo rural con líneas de trabajo innovadoras, como el acceso al agua para uso integral, la comercialización de excedentes, el agregado de valor o la bioenergía, entre otras”, precisó el coordinador de extensión.

Al respecto, Ramilo señaló que el programa invirtió $154 millones en distintos proyectos especiales de todo el país, que beneficiarán a unas 20 mil familias vulnerables de zonas rurales, urbanas y periurbanas gracias a distintas obras de infraestructura y desarrollo rural.

 

Keilis: “Están muy interesados en el ProHuerta, por el impacto social del programa y como herramienta de gestión y de intercambio de conocimientos”.

Sudáfrica: mucho interés por el ProHuerta

Desde Pretoria, una de las tres capitales sudafricanas, el extensionista Matías Keilis compartió los avances de su misión en ese país, que todavía continúa. Como representante de la CNTE del INTA, Keilis mantuvo reuniones con el embajador argentino en Sudáfrica, Javier Figueroa, autoridades de la Universidad de Pretoria –Fanie Terblanche y Joe Stevens, acompañados por el becario doctoral Tebogo Mathiane– y representantes del Agricultural Research Council (ARC) –Litha Magingxa y Takalami Bridget Murovhi–.

“Fueron encuentros muy productivos”, dijo Keilis, quien consideró que ambos países tienen problemas similares con respecto a la extensión rural, lo cual pudo observar durante una visita técnica a Eastern Cape. Sin embargo, también existen diferencias significativas: “El ARC sería la contraparte del INTA en Sudáfrica, aunque, si bien no hace extensión directa a campo, sí participan en la formulación de políticas públicas de extensión a escala nacional y capacitación de profesionales”, señaló.

De acuerdo con el extensionista, sus pares sudafricanos “están muy interesados en el ProHuerta, por el impacto social del programa y como herramienta de gestión y de intercambio de conocimientos”.

Por otra parte, Keilis, destacó otros ejes que llamaron la atención de los sudafricanos: “Se mostraron muy interesados en los procesos asociativos y organizativos, así como en los proyectos regionales con enfoque territorial (PRET) como plataforma de trabajo”. Del mismo modo, se manifestaron atraídos por el programa Cambio Rural: “En general, tienen problemas asociativos y por eso la modalidad del promotor-profesional idóneo podría funcionarles bien, porque también son escasos los profesionales que tienen dedicados a la extensión. Así, podría aplicarse la figura de un promotor como líder de una comunidad, trabajando con un grupo de productores y el soporte técnico del Estado”, expresó Keilis.

Carrapizo: “Todos entendemos la innovación como un proceso participativo de construcción conjunta, que involucra distintos tipos de conocimientos y que es multidimensional”.

Uruguay: innovar en la agricultura familiar

Organizado por el Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur (Procisur) con el apoyo del IICA mediante su fondo FONCT, el taller regional “Fortalecimiento de los procesos de innovación de la agricultura familiar en los países del Cono Sur de América”, realizado en Montevideo, también contó con la presencia de profesionales del INTA vinculados con la extensión.

Verónica Carrapizo, del equipo de la CNTE, participó de este espacio de trabajo con el objetivo de unificar criterios para definir el concepto de innovación en la agricultura familiar, así como desarrollar una metodología de diagnóstico y análisis, con indicadores específicos, en torno a esa línea de acción.

“Hasta ahora cada país fue construyendo una definición propia de la innovación en la agricultura familiar y estamos tratando de consensuar la construcción que hizo cada país para lograr una definición conjunta”, dijo Carrapizo, quien señaló que también aspiran a “elaborar una herramienta que nos permita caracterizar estas dos esferas, de manera que podemos aportar insumos para el diseño de políticas públicas para la agricultura familiar”.

De acuerdo con Carrapizo, hay elementos comunes en las definiciones de todos los países del cono sur: “Todos entendemos la innovación como un proceso participativo de construcción conjunta, que involucra distintos tipos de conocimientos (científicos y saberes locales) y que es multidimensional”.

Además de la participación de la CNTE, el taller fue moderado por Gabriela García del INTA Luján y también contó con la presencia de la directora del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar del INTA, Andrea Maggio, el especialista Santiago Masondo del INTA Castelar, la especialista en Políticas y Negociaciones del IICA en la Argentina, Edith Obschatko, así como representantes de la Unidad para el Cambio Rural (UCAR) y la subsecretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo del ministerio de Agroindustria de la Nación –Oscar Marasca y Fernanda Maraschio, respectivamente–.