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14 de diciembre de 2016

Consejos para cuidar la huerta de verano


Técnicos del programa ProHuerta, que lleva a cabo el INTA junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, brindan recomendaciones para tener en cuenta en esta época.

Consejos para cuidar la huerta de verano

Llega el verano y el patio de casas y departamentos se vuelve el lugar más preciado para pasar tardes y mañanas y dedicarle un tiempo a la huerta. Canteros, envases y macetas, todo espacio vale para animarse a producir alimentos. Para no fallar en la tarea, técnicos del programa ProHuerta, que llevan a cabo el INTA y el Ministerio de Desarrollo de la Nación, brindan recomendaciones para tener en cuenta en esta época.

“Sembrar superficies que podamos atender”, apuntó Mónica Filippi, especialista del INTA Chivilcoy –Buenos Aires–. La elección del espacio determina el tipo de planta que se sembrará, pero también permite adaptar la huerta a las posibilidades de cada uno: en este sentido, canteros y envases son una gran alternativa para niños, personas con discapacidad y adultos mayores.

“Es mejor utilizar canteros de un metro de ancho y del largo que deseemos, así dejamos caminos no cultivados para acceder a la huerta”, indicó Filippi. En el caso de los envases, sugirió observar la profundidad para saber qué sembrar. Si bien esto depende del tamaño final de cada planta, cultivos como como achicoria, cilantro, radicheta, rúcula, perejil y ciboulette se adaptan a las macetas jardineras.

En cuanto a especies, el período primavera-verano asegura luz solar y la posibilidad de que crezcan frutales y hortalizas de fruto como zapallos, zapallitos, pepinos, sandías, melones, tomates, berenjenas, pimientos, porotos y maíces. Asimismo, prosperan otras especies como albahaca, acelga, batata y papa.

El período primavera-verano asegura luz solar y la posibilidad de que crezcan frutales y hortalizas de fruto como zapallos, zapallitos, tomates, entre otras.

“Para lograr verduras a lo largo de toda la temporada, la clave está sembrar por etapas y no todo de golpe”, señaló la técnica. Cada vez que se realice la siembra, es necesario considerar dos aspectos: por un lado, la profundidad a la que se coloca cada semilla –que debe estar en buen estado y sin humedad– y, por otro lado, la densidad, es decir, la cantidad de semillas utilizada según la superficie de producción disponible.

En general, la profundidad de siembra es de dos a tres veces el tamaño de la semilla. Por su parte, el ajuste de la densidad evita que crezcan muchas plantas en un espacio donde no pueden desarrollarse. Para calcularla, una buena medida es la pizca de sal, ya que cada pizca contiene entre 20 y 30 semillas y se selecciona la cantidad acorde al tipo de contenedor.

De acuerdo con Filippi, las hortalizas necesitan más de ocho horas de sol para un crecimiento saludable. “La demanda de intensidad depende del tipo de hortalizas: las de fruto se ubican en la zona más soleada de la huerta, mientras que las de raíz se adaptan a un sector intermedio”, analizó, aunque aclaró: “Si somos exigentes y requerimos una producción de raíces de buen tamaño, debemos ubicarlas en un lugar soleado, bien mullido y abonado”. Con respecto a las de hoja, requieren menos luz y permiten aprovechar áreas con más sombra.

Más consejos: controlar la aparición de malezas al inicio del cultivo para favorecer el desarrollo de las plantas, regar sin inundar y mantener la tierra suelta.

Además, recomendó controlar la aparición de malezas al inicio del cultivo para favorecer el desarrollo de las plantas, regar sin inundar y mantener la tierra suelta. “Es conveniente remover la tierra y acomodarla sobre la base de las plantas para promover el crecimiento de nuevas raíces”, afirmó Filippi, quien destacó la importancia de combinar diferentes especies para “lograr el principio de diversidad, uno de los pilares del sistema agroecológico”.

A la hora de la cosecha, “todas las verduras de hoja se pueden cortar –sin arrancar– y vuelven a crecer muchas veces, hay plantas de acelga que duran varias temporadas”, explicó la especialista. Para conservar la producción de hojas, “podemos pasarlas un minuto por agua hirviendo, luego por agua helada, las dejamos enfriar y las guardamos embolsadas en el freezer”, detalló.

Cuando la producción de tomates es abundante, “una buena estrategia es preparar salsa, ya que tiene una acidez natural y no necesita conservantes, más que una cucharada de vinagre blanco por envase”, propuso Filippi. Consejo final: la salsa puede almacenarse en frascos o botellas, bien limpias y tapadas –previa pasteurización–, en lugar fresco y seco o también en el freezer.