03 de agosto de 2016

En Salta, un grupo de jóvenes protege a los frutales

De la mano del INTA, 28 productores de San Antonio se capacitaron en manejo integrado de plagas y producción agroecológica. Lograron un 95 % de eficiencia en las cosechas y mejoraron la calidad.

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En el valle Calchaquí salteño predomina la producción agropecuaria a pequeña escala para el autoconsumo. Allí, unos 1.500 emprendedores familiares se dedican a la producción frutihortícola y a la cría de cerdos, aves de corral, ovejas, cabras y ganado bovino. Con el apoyo de la Oficina de Información Técnica (OIT) del INTA San Carlos recibieron entrenamiento en manejo integrado de plagas con enfoque agroecológico, para la producción frutal.

“Durante los últimos dos años, 28 jóvenes productores de las 35 familias del paraje San Antonio se entrenaron en el manejo integral de las plagas con enfoque agroecológico para mejorar la producción frutihortícola de la zona”, señaló Eloisa Ferro, especialista de la OIT San Carlos y coordinadora del proyecto regional Valles Áridos del INTA.

En San Antonio, un paraje ubicado en la localidad salteña de Animaná a 2.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), la falta de oportunidades laborales para los jóvenes, sumado a una alta incidencia de plagas frutales, los impulsó a capacitarse en prácticas que mejoraran las producciones no sólo en rendimientos, sino también en calidad.

“Una de las particularidades de esta iniciativa es que se trata de una estrategia productiva y organizacional que involucra a todas las familias de la comunidad”, destacó Ferro y aseguró: “Estimula las prácticas que reducen la dependencia a los insumos externos y promueve la producción de frutos sanos y diferenciados para la comercialización”.

Se trata de una propuesta de abordaje interinstitucional para la formación laboral en el manejo de plagas que coordina el INTA junto con el Senasa y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

Ferro: “Durante los últimos dos años, 28 jóvenes productores se entrenaron en el manejo integral de las plagas con enfoque agroecológico para mejorar la producción frutihortícola de la zona”.

De acuerdo con Cristian Rodríguez –representante técnico del Senasa en Cafayate–, “el ataque de plagas como carpocapsa a los nogales generaba mermas significativas en los rindes, lo que se traducía en pérdida de calidad y falta de oportunidades laborales”.

En la comunidad existen unas 1.300 plantas de frutos secos (nogales), 300 frutales de pepita (manzanas, peras y membrillos), 1.300 plantas de frutales de carozo (duraznos, damascos y ciruelos) y 1.300 plantas de vid. Además, cuentan con higueras, algunos cítricos, olivos, paltas y tunas. Según sus propias estimaciones, la producción anual total ronda los 45.000 kilos de fruta fresca.

“Una de las principales problemáticas a las que se enfrentaban era la pérdida de hasta el 50 % de la producción de nueces debido a carpocapsa y un 30 % en el resto de los frutales por mosca de la fruta”, expresó Ferro quien agregó: “Esta situación nos llevó a diseñar una propuesta de intervención articulada”.

Así, técnicos y productores establecieron un sistema de monitoreo para entender cómo se comportaban las plagas en la zona. “A raíz de la observación sistemática pudimos detectar la presencia de insectos”, señaló Rodríguez quien agregó: “Desde el Senasa analizamos las dinámicas de las poblaciones y participamos en el diseño de un plan de trabajo para su control”.

Según Rodríguez, el entrenamiento fortaleció a toda la comunidad. “Los productores más jóvenes hacían el monitoreo y nosotros establecíamos las prácticas para el control”, dijo y aclaró: “Ahora nos queda que ellos solos puedan hacer la lectura de las plagas y definir qué prácticas llevar a delante para controlarlas. Así podrán ofrecer sus servicios a otras zonas productivas similares”.

Con el objetivo de promover el empleo rural y los ingresos familiares, se implementó una estrategia técnico-organizativa para el Manejo Integrado de Plagas en la producción frutal familiar. “A partir de esto, los altos niveles de plagas y enfermedades se empezaron a revertir y lograron aumentar los índices de recolección de frutas a un 95 % con importantes mejoras en la calidad”, afirmó Ferro.

Silvia Díaz (31), productora y participante del entrenamiento, analizó el proceso de aprendizaje alcanzado: “Hemos logrado todos juntos aprender sobre el manejo integrado de plagas, poda, injerto, preparación de remedios caseros; además, sabemos cómo monitorear los insectos para decidir qué medidas tomar y cómo administrar el botiquín sanitario comunitario”. Y confesó: “Sobre todas las cosas, aprendimos a convivir, respetarnos, valorarnos y trabajar más unidos”.

Según Rodríguez, el entrenamiento fortaleció a toda la comunidad. “Los productores más jóvenes hacían el monitoreo y nosotros establecíamos las prácticas para el control”.

De acuerdo con Juan Carlos López (38), productor de San Antonio, “antes teníamos muchos problemas, se caía la fruta y perdíamos toda la cosecha. Ahora, gracias a estas capacitaciones mejoramos la calidad y podemos vender en las ferias y hasta mandamos nueces a Buenos Aires”.

El entrenamiento laboral Promotores comunitarios para la sanidad de frutales, contó con la participación de la Municipalidad de Animaná, el equipo de técnicos del Senasa en Cafayate, el Consorcio de Riego de San Antonio, la ONG Red Valles de Altura y el Prohuerta, junto con otras instituciones.

Asimismo, por el aporte a la movilización de jóvenes salteños en el fortalecimiento de competencias y habilidades para dar respuestas locales a las problemáticas sanitarias de sus producciones, esta experiencia recibió el premio Banco Galicia y Revista Chacra a la Gestión Solidaria del Campo en la categoría “Promoción Laboral”. El cheque de 50 mil pesos fue entregado durante la 150 Exposición Rural de Palermo.

Juan Carlos López (38), productor de San Antonio: “Antes teníamos muchos problemas, se caía la fruta y perdíamos toda la cosecha. Ahora, mejoramos la calidad y podemos vender en las ferias”.

Capacitación, como sinónimo de inclusión

Con la necesidad de abordar el problema de manera comunitaria, se inició un proceso donde surgió el Consorcio de Manejo Integrado de Plagas (ConMIP). “Esta unión apunta a la articulación y la integración de las familias campesinas productoras, sus organizaciones de base comunitaria y las instituciones del Estado para la resolución de problemáticas territoriales”, señaló Ferro.

Así, durante dos ciclos –de ocho meses cada uno– los jóvenes se capacitaron como monitoreadores locales y promotores comunitarios de agroecología. Entre los aprendizajes, Ferro destacó la importancia del bajo uso de insumos externos y la revalorización de las prácticas productivas propias del territorio para el cuidado de la salud pública y el ambiente.

Gloria Viñabal (34), productora de San Antonio y participante del proyecto, aseguró: “Festejamos haber realizado este entrenamiento laboral con mucho esfuerzo y voluntad confiando en que si trabajamos unidos, y con apoyo de las instituciones, podemos progresar y vivir cada vez mejor en nuestras comunidades”.

En cada ciclo –de 960 horas de duración– técnicos de las unidades del INTA Salta y Catamarca brindaron información sobre monitoreo de plagas, herramientas de control, manejo de mochilas atomizadoras, implementación de prácticas culturales y reconocimiento de insectos benéficos.

Ferro: La capacitación fue una oportunidad para los jóvenes, donde se promovió la autonomía de las capacidades y la posibilidad de ser técnicos en su propia comunidad y en los alrededores.

“Hicimos una propuesta técnica para abordar las principales plagas desde un enfoque comunitario y de transición hacia la agroecología”, dijo Ferro y afirmó: “Se buscó rescatar los saberes y la promoción de prácticas culturales como poda, injerto y fertilización”.

Ferro puntualizó que quienes hicieron el entrenamiento “hoy conocen los ciclos biológicos, las características de cada una de las plagas, las monitorean y saben cuándo se presenta el umbral para tomar las medidas que están consensuadas en el plan de manejo”.

El programa no solo comprendió espacios de formación y aprendizaje comunitarios, sino que fue “una oportunidad para los jóvenes, donde se promovió la autonomía de las capacidades y la posibilidad de ser técnicos en su propia comunidad y en los alrededores”, manifestó la especialista del INTA.

En este sentido, Ariel Escalante (29), uno de los jóvenes productores que participó del entrenamiento, resumió: “Muchos de nosotros nos hemos entusiasmado en continuar con el trabajo en la comunidad y en seguir estudiando, soñando con que el día de mañana podamos tener entre nosotros nuestros propios técnicos locales formados y capacitados”.

El punto de partida de la capacitación fue la problematización y el acompañamiento a la comunidad. Se trató de “una apuesta al trabajo en red y colaborativo”, afirmó Ferro quien además señaló que desde el INTA se enmarcó en el Proyecto Regional con Enfoque Territorial (PRET) Valles Áridos, en el Programa Federal de Apoyo al Desarrollo Rural Sustentable (Profeder) y en los programas nacionales.

 

Eloisa Ferro, técnica del INTA San Carlos, Salta

 

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