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2 de marzo de 2016

Valor agregado, eje que atraviesa las cadenas productivas


Con el objetivo de fortalecer la agroindustria nacional y el desarrollo regional, el INTA, junto con el Ministerio de Agroindustria de la Nación, promueve la transformación de los granos en productos y subproductos.

Valor agregado, eje que atraviesa las cadenas productivas

Si bien el agregado de valor abarca una diversidad de procesos –algunos con mayor demanda tecnológica que otros–, todos tienen como objetivo en común: transformar la producción primaria a escala local. La incorporación de nuevas etapas de manufactura aumenta la mano de obra en los territorios hasta 104 veces y multiplica la rentabilidad. Así, una ración de casi 4 kilos de soja y maíz equivale a un kilo de queso, cuya elaboración incrementa 26 veces el valor de la materia prima.

Este será uno de los ejes que el INTA presentará en la muestra Expoagro, que se realizará del 8 al 11 de marzo en Ramallo, a la altura del km 214 del autopista Rosario-Buenos Aires.

“Agregar valor y trabajo en origen a los productos primarios es una oportunidad, debido a que requiere la aplicación de mayor tecnología y potencia otras cadenas alimentarias con ventajas comparativas y competitivas”, explicó Alejandro Saavedra, coordinador del proyecto “Procesos productivos agroindustriales para agregar valor en origen en forma sustentable” del INTA.

El especialista apuntó que la Argentina exporta el 68 % de su producción de maíz como grano –promedio 2009-2012– mientras que Estados Unidos produce el doble de maíz per cápita y exporta el 13 %. “La industrialización de la producción agrícola en proteína animal permite satisfacer el mercado interno y luego exportar valor agregado desde origen”, indicó Saavedra.

En cuanto a la distribución de la renta en la cadena agroindustrial, el especialista calculó que –en promedio– los productores primarios aportan el 65 % de capital y perciben entre el 15 y 25 % de la renta. Por su parte, aquellos actores vinculados con la industrialización de primer y segundo orden invierten el 25 % de capital y reciben entre el 35 y 45 % de renta.

“Por último, el sector de logística, transporte, cadena de frío y comercio local e internacional aporta sólo el 10 % en concepto de capital y perciben una renta de entre el 35 y 45 % –según los productos–”, agregó Saavedra, al tiempo que ponderó la decisión de producir con mayor nivel de manufactura para mejorar el porcentaje de rentabilidad.

Según estimaciones de Fernando Ustarroz, coordinador del Módulo Valor Agregado en Origen del INTA, 2,6 kg de maíz más 1,3 kg de soja equivale a la generación de 13 litros de leche que permiten elaborar un kilo de queso Reggianito y multiplicar 26 veces el valor de la materia prima. A su vez, la misma ración con el equivalente en granos para obtener un kilo de lomo bovino aumenta 23 veces la renta percibida; para uno de carne de pollo, 20 veces; o para uno de bondiola de cerdo, 21,8 veces el valor del grano comercializado y exportado sin transformación.

Con respecto a la generación de empleo, Saavedra estimó que el agregado de valor en origen aplicado a todos los eslabones de la cadena láctea, desde la etapa primaria hasta los productos finales en góndola, aumenta 40 veces la cantidad de puestos de trabajo. De igual modo, en la cadena bovina, ese índice se incrementa 104 veces.

De acuerdo con Alejandro Saavedra, especialista del INTA, los productores primarios aportan el 65 % de capital y perciben entre el 15 y 25 % de la renta en la cadena agroindustrial.

El desarrollo de una cadena local

Oncativo es una ciudad ubicada en el centro de Córdoba, que pertenece al departamento de Río Segundo. Con el apoyo de diferentes actores públicos y privados y programas de financiamiento, el INTA impulsa la transformación de esta zona en clúster de producción porcina a partir de la planificación de una cadena que abarca desde la cría hasta la comercialización.

En este contexto, se destaca la experiencia de la firma Aprocer SA compuesta por 24 socios de pequeña escala que se reunieron para fortalecer una etapa clave de la cadena: la reproducción y gestación de lechones hasta los 30 kg. Mediante una granja intensiva, los criadores poseen 500 cerdas que les permiten obtener altos índices productivos –26 lechones por madre al año–, homogenizar la calidad de la carne y disminuir costos.

“A mediano plazo, el objetivo es ampliar el plantel de madres, asociarse para afrontar la etapa de engorde y articularse con un frigorífico para llegar al desposte”, explicó Mario Bragachini, coordinador del Proyecto Integrador 1 “Procesos tecnológicos para agregar valor en origen en forma sustentable” (PNAIyAV) del INTA. “Esto permitirá alcanzar el máximo valor agregado que es el salame de Oncativo, un producto que se vende a 220 pesos el kilo, multiplica 28 veces el valor e incrementa las horas de trabajo de la soja y el maíz que se partió”, acentuó Bragachini.

En Oncativo, la cadena se inicia con la producción de granos: 200.000 toneladas de soja, 150.000 de maíz y 60.000 de sorgo. Luego, esta materia prima adquiere diferentes destinos: puede ser recuperada por una planta para elaborar alimento balanceado, por dos empresas que se dedican a la fabricación de expeler de soja o por otras tres firmas desactivadoras de soja.

Posteriormente, otras tres plantas se ocupan de comercializar el alimento y los insumos para la producción porcina, entre otros servicios. La faena de los animales se realiza en dos frigoríficos que cuentan con habilitación provincial, mientras que 18 pequeñas y medianas empresas utilizan esa carne para elaborar chacinados de alto valor agregado que venden en la región.

“Este caso, que constituye la cadena de mayor demanda laboral de la ciudad, permite observar el nuevo rol de los municipios: ir más allá de sus responsabilidades de gobierno y colaborar con infraestructura para el desarrollo local”, afirmó Bragachini. En este sentido, resaltó la conformación de mesas de gestión local que en Oncativo se materializa con un clúster porcino y, además, promueve el diseño de planes estratégicos de desarrollo regional, basados en la “instalación de parques industriales y agroalimentarios y la formación de recursos humanos con capacidad para producir agroalimentos inocuos, de calidad y con procesos innovativos”.

Según datos del INTA Marcos Juárez, el 94 % de los criadores porcinos del país posee menos de 100 madres y representan el 51 % del stock nacional.

Asociarse, la clave

Según datos del INTA Marcos Juárez, el 94 % de los criadores porcinos del país posee menos de 100 madres y representan el 51 % del stock nacional. Por su parte, el 6 % de los productores tienen planteles que superan las 100 madres y constituyen el 49 % del stock nacional.

Bragachini destacó el impacto del asociativismo en el crecimiento de los criadores a pequeña escala. “El valor agregado en origen asociativo con participación directa de los productores en eslabones de industrialización y acceso directo a los consumidores es la llave que utilizamos para lograr más trabajo, renta distributiva y pymes competitivas y la herramienta para recuperar la competitividad del pequeño y mediano productor en base a su trabajo genuino”, analizó.

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