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14 de enero de 2016

Opinión: un recurso estratégico para la Argentina


Con sólo el 11 % de la superficie del planeta utilizada para cultivos, Roberto Casas, director del Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua, describe el estado del suelo y su potencial productivo.

Opinión: un recurso estratégico para la Argentina

Por Roberto Casas

Director del Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua –PROSA–, Fundación para la Educación de la Ciencia y la Cultura –FECIC–.

De acuerdo con la FAO, sólo el 11 % de la superficie del planeta –unas 1.500 millones de hectáreas– corresponde a suelos cultivados. Aunque hay más de 2.000 millones de hectáreas potencialmente utilizables, en general se trata de tierras ubicadas en ecosistemas frágiles, de elevada vulnerabilidad ambiental y en un 50 % cubiertas por bosques. Al mismo tiempo, se espera que, en los próximos 20 años, más del 80 % de la expansión de la superficie cultivada se produzca en América Latina y el África Subsahariana y unas 100 millones de hectáreas más se incorporarán a la producción.

Sin embargo, los datos globales permiten observar con preocupación que ya existen 2.000 millones de hectáreas de suelos degradados por diferentes procesos. Ante la necesidad creciente de aumentar la producción mundial de alimentos de calidad, es deseable que la mayor parte de ese incremento provenga de la intensificación productiva, es decir, con mayores rendimientos, cosechas múltiples y la mayor ocupación productiva posible a lo largo del año.

En la Argentina, alrededor de un 40 % del territorio –unas 120 millones de hectáreas– está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica. Esa cifra se ha duplicado al cabo de un período de 50 años, con un incremento anual promedio ligeramente superior al millón de hectáreas.

El abandono de la rotación de cultivos como modelo productivo ha generado consecuencias negativas sobre el incremento de la erosión de los suelos, el balance de materia orgánica, la fertilidad y la eficiencia hídrica. La degradación de la salud de los suelos importa por la pérdida, que en algunos casos es irreversible, de un capital de importancia estratégica para la nación, pero más aún por el compromiso moral de un país naturalmente privilegiado como proveedor de alimentos.

En la Patagonia y en la región seca occidental, la problemática de la desertificación es muy compleja y también requiere de políticas adecuadas. El sobrepastoreo extensivo de bovinos, ovinos y caprinos, el desmonte y el uso del fuego en los bosques secos, junto con otras actividades antrópicas como la petrolera y la minería, han contribuido a incrementar los procesos de erosión y contaminación en estas regiones del país.

La expansión de la frontera agropecuaria a zonas marginales está produciendo la degradación de los recursos naturales, con pérdidas cuantiosas de biodiversidad. En la región chaqueña occidental, especialmente, la utilización de sistemas de producción introducidos desde regiones húmedas, conforman una situación de alto riesgo de erosión hídrica y eólica, pérdida de servicios ambientales y una amenaza de extinción para una gran cantidad de especies silvestres.

El suelo constituye un recurso natural cada vez más estratégico ante el crecimiento de las economías mundiales que demandarán más y mejores alimentos. Por todos estos motivos es que se impone incorporar la conservación del suelo como uno de los temas de la agenda nacional, incluyendo a la Argentina en el concierto de las naciones que abordan esta problemática con inteligencia y responsabilidad.