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29 de agosto de 2013

Sistemas forestales más eficientes y productivos


Científicos del Conicet y del INTA buscan determinar cómo algunos árboles optimizan el uso del agua durante las sequías y aumentan la resistencia al ataque de las plagas. Por la investigación recibieron el reconocimiento de la Fundación Bunge y Born 2013.

Sistemas forestales más eficientes y productivos

María Elena Fernández, investigadora del Conicet, quien trabaja en el INTA Tandil –Buenos Aires– recibió el reconocimiento de la fundación Bunge y Born 2013, por un trabajo que propone reducir a la mitad la densidad de plantaciones de forestales en el noroeste de la Patagonia para que los árboles mejoren su eficiencia en el uso de agua y sean capaces de capturar y disponer del recurso para afrontar periodos de sequía y ataques de plagas.

La investigadora en ecofisiología vegetal explicó que esa práctica de manejo “brinda a cada árbol la posibilidad de crecer mejor (más rápido) porque al contar con menor densidad forestal, la competencia entre ejemplares es menor”.

En este sentido, los estudios de este tipo buscan definir procesos que determinan el crecimiento, el rendimiento y la calidad de las especies vegetales y su relación con el ambiente. Por esa razón, una de las herramienta de análisis más utilizada es la eficiencia en el uso de recursos (EUR) que sirve para “determinar la relación entre la disponibilidad y uso de un recurso (por ejemplo, el agua) y la tasa de producción de un producto como puede ser, en este caso, la madera”, explicó Fernández.

En esa línea, los estudios en los que participa Fernández junto a otros colegas demuestran que dentro de un plantación forestal, donde todos los árboles tienen la misma edad, los que crecen más rápido son los más eficientes en el uso de agua, por eso “si se hace un raleo por lo bajo y se eliminan los más chicos se produce un aumento de la productividad individual de los más aptos y se incrementa la EUR del sistema en general”, indicó la investigadora y agregó que “producir un metro cúbico de madera con una especie de rápido crecimiento es más económico (por los recursos utilizados) que producir la misma cantidad con una especie de lento crecimiento”.

Esta práctica de manejo brinda a cada árbol la posibilidad de crecer mejor porque al contar con menor densidad forestal, la competencia entre ejemplares es menor.

De acuerdo a esos estudios, la eficiencia en el uso del agua (EUA) se incrementa a medida que el árbol aumenta su tamaño y que la plantación es más productiva ya sea porque está desarrollada con individuos que genéticamente son de rápido crecimiento o porque está ubicada en los mejores sitios, es decir, con mayores precipitaciones, mayor fertilidad en el suelo y/o con una buena profundidad de suelo que permite acceder a una mayor fuente de agua y nutrientes.

“En la Patagonia se cultivan especies como el pino ponderosa y el oregón que crecen entre 10 y 20 metros cúbicos por hectárea por año, en la provincia de Buenos Aires los eucaliptos crecen entre 20 y 30, y en Entre Ríos, otra especie de este mismo género alcanza productividades de entre 45 y 55, lo que muestra la estrecha relación entre la productividad –asociada al uso de agua y la eficiencia– y las condiciones ambientales (fundamentalmente, el clima), la elección de especies adecuadas a cada lugar, el manejo y el mejoramiento genético”, señaló Fernández.

A partir de esos datos, los investigadores contradicen un paradigma de la ecofisiología que planteaba que: “las especies más eficientes eran las que estaban en ambientes con mayor estrés hídrico y que contaban con una disponibilidad mínima de recursos, es decir, que una planta usaba más eficientemente un recurso cuando éste escaseaba en el ambiente” indicó Fernández y aseguró que ellos continuaron con la línea de investigación del norteamericano Binkley que demostró esta contradicción al estudiar bosques nativos de los EE.UU. y plantaciones de eucaliptos en Brasil.

La EUA se analiza con el fin de producir la mayor cantidad de producto con la menor cantidad de agua posible ya que “de esta manera se contribuye a la sustentabilidad de la actividad forestal al elegir especies y genotipos que aseguren mayor productividad con menores costos hídricos y en tiempo acordes con criterios de rentabilidad”, dijo Fernández.

Sobre el premio

Por su trabajo en ecofisiología vegetal aplicada a sistemas forestales y el manejo sustentable de los recursos, la investigadora del INTA Tandil fue galardonada con el Premio Estímulo a Jóvenes Científicos 2013 que entrega todos los años la Fundación Bunge y Born.

María Elena Fernández es bióloga, investigadora adjunta del Conicet y comenzó a trabajar en el INTA en el año 1998 en el grupo de investigación liderado por el actual coordinador del programa forestal, Tomás Schlichter.

“Trabajé en investigaciones con especies de coníferas exóticas y especies nativas del norte de la Patagonia y en la actualidad estudio en la región pampeana eucaliptos, pinos y salicáceas. A su vez, participé en la formación de becarios de diferentes regiones del país trabajando con otras especies como algarrobos en el Chaco árido y otros eucaliptos y pinos en el NEA”, dijo la investigadora y señaló que la formación de recursos humanos en esa área de estudio fue un aspecto destacado por el cual fue premiada.

Creado por la Fundación Bunge y Born en 1963, el Premio distingue a investigadores científicos consagrados en distintas áreas como Medicina, Agronomía, Derecho, Veterinaria, Física, Química, Ingeniería, Economía, entre otras. En el año 2001, se instauró el Premio Estímulo a Jóvenes Científicos con el objetivo de alentar a investigadores noveles en el desarrollo de su carrera profesional.

La EUA se analiza con el fin de producir la mayor cantidad de producto con la menor cantidad de agua posible ya que de esta manera se contribuye a la sustentabilidad de la actividad forestal.