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25 de junio de 2013

Comunidades campesinas desfilaron con una marca colectiva


Junto al INTA, unas 300 familias rurales de Seclantás y Molinos presentaron una identidad común para comercializar productos comestibles, artesanías y ropa. Asociativismo y agregado de valor a materias primas locales.

Comunidades campesinas desfilaron con una marca colectiva

En la capital salteña, 16 comunidades campesinas que congregan a 300 familias rurales y periurbanas de los municipios de Seclantás y Molinos, organizaron un desfile de moda para dar a conocer la marca colectiva con la cual, ahora, pueden comercializar los productos que elaboran a partir de materias primas locales. Se trata de artesanías, ropa y alimentos de alta calidad y diseño innovador, identificados como CUM, la sigla que representa a las Comunidades Unidas de Molinos.

Además de la colección de indumentaria –fabricada con saberes y técnicas de hilado ancestrales– con accesorios y artesanías para el hogar y los productos agrícolas típicos de los valles calchaquíes, el lanzamiento incluyó una muestra del fotógrafo argentino Alejandro Chaskielberg, quien obtuvo el premio Lion d’Or en 2011.

“Con la marca colectiva, la CUM busca promover la comercialización de su producción de manera justa, posibilitando una fuente de ingreso real que les permita afrontar el resto de sus necesidades de manera autónoma”, explicó Paula Olaizola, jefa del INTA Seclantás. Con este logro, añadió, las comunidades también podrán “vincularse directamente con los consumidores y fortalecer los vínculos existentes en la cadena de producción lanera”.

Desde 2002, estas comunidades comenzaron a trabajar y unir esfuerzos para transformar su realidad. Acompañadas por INTA, la ONG Red Valles de Altura y los municipios de esas localidades –entre otros organismos y programas de financiamiento–, desarrollaron importantes obras de agua para consumo humano y riego, baños en las viviendas familiares, mejoras en la producción artesanal y la implementación de campañas de vacunación y botiquines de sanidad animal que permitieron disminuir notablemente la mortandad de los rebaños, pilar fundamental de estas economías familiares.

En el valle, los campesinos están habituados a producir para el autoconsumo y, como actividad complementaria, desarrollan artesanías textiles de excelente calidad. De hecho, Olaizola explicó que Seclantás es conocida como la “cuna del poncho salteño” ya que concentra a los mejores “hacedores” de esa prenda. Además, por la finura de los hilos, sus telas son reconocidas en todo el mundo con una especie de denominación de origen: “Los teleros del Luracatao”. No obstante, explicó la técnica del INTA, los artesanos “apenas están enterados de esto y perciben un ingreso muy limitado por sus productos, debido a la presencia de intermediarios y la escasa articulación en la cadena de producción”.

“Nosotros éramos individualistas pero ahora, con la organización, hay una diferencia. No sabíamos hablar de la comercialización, de cómo buscar una fuente de trabajo, de tener una capacitación”, enumeró Marcos Guaymás, productor campesino de la comunidad Refugio. En contraste, celebró, cuentan hoy con un listado de conquistas: “Hemos logrado tener agua potable, la venta de artesanías, mucho trabajo en cada comunidad. Y todo lo hicimos juntos”.

Para su colega de la comunidad Tomuco, Santos Belázquez, la evolución organizativa de las comunidades merece destacarse: “Al principio eran reuniones de seis personas de distintas comunidades y después se fueron sumando más y más. Y después hicimos la feria y una muestra ganadera y eso también era otra experiencia más para seguir fortaleciendo la organización. Logramos sacar la CUM adelante”.

En este sentido, Olaizola afirmó que el trabajo continuado y organizado de la CUM hizo posible superar “los problemas de comercialización que atraviesan los productores, individual y comunitariamente”, así como resolver la migración de los jóvenes a la ciudad por falta de fuentes de trabajo.

De acuerdo con la jefa del INTA Seclantás, “la CUM fue el broche de oro de un trabajo comunitario organizacional de base, muy fuerte. Si algún día nosotros nos vamos, la comunidad va a seguir trabajando como lo ha hecho toda la vida”.

La marca es una herramienta para comercializar todos los productos de la organización: distintas variedades de papa andina, maíz autóctono, mote, porotos, pimiento para pimentón, quinua y amaranto, entre otros.

 

Una marca, muchos productos

En 2012, la CUM inició el registro de marca colectiva, brindado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que significó el puntapié inicial de este logro reciente. La marca es una herramienta para comercializar todos los productos de la organización, desde las artesanías más elaboradas hasta los productos comestibles cultivados en el lugar: distintas variedades de papa andina, más de diez especies de maíz autóctono, mote, porotos, pimiento para pimentón, quinua y amaranto, entre otros.

En el caso de la indumentaria, la primera colección de la CUM se enfoca en el poncho salteño, una prenda que identifica a los artesanos. El diseño está orientado a los usos urbanos para llevar las artesanías clásicas a consumidores de moda étnica, una tendencia mundial que se consolidó en los últimos años. De este modo fue posible mejorar sus ventas y multiplicar los canales de comercialización.

La colección posee productos textiles con altos niveles de valor agregado en origen, estructurados en cuatro líneas: sastrería con telas artesanales de telar, prendas de punto realizadas con los hilados locales en técnica de aranes, hilados diferenciados con los colores de las fibras naturales de llama y oveja y una productos para el hogar en fieltro.

Por otra parte, desde la habilitación del matadero de campaña para rumiantes menores y la formalización de la Cooperativa Bre-Sec, en 2012, también la carne se convirtió en un producto a comercializar, con un precio acorde a la economía local y aspiraciones de expandirse al resto de la provincia. Asimismo, prevén abrir paso a nuevos productos de gran valor potencial, como cueros de oveja y de cabra con curtido natural.

Marcos Guaymás, productor campesino de la comunidad Refugio, celebró las conquistas: “Hemos logrado tener agua potable, la venta de artesanías, mucho trabajo en cada comunidad. Y todo lo hicimos juntos”.