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26 de abril de 2013

Ananá bajo cubierta: tecnología que amplía fronteras


La producción en invernáculo multiplica los rindes de la fruta tropical hasta 100 toneladas por hectárea, con muy buena calidad garantizada. La clave está en las técnicas de manejo.

Ananá bajo cubierta: tecnología que amplía fronteras

La zona de Santo Pipó, en el centro de la provincia de Misiones, se anima al cultivo de ananá gracias a una tecnología innovadora: los invernáculos. Debido a que la producción de esta fruta se realiza a cielo abierto en zonas libres de heladas, técnicos del INTA establecieron un protocolo para su producción bajo cubierta. Calidad asegurada.

El ananá ocupa el segundo lugar en cuanto al volumen de producción mundial de cultivos tropicales. “Existe una demanda por parte de los productores de tener un cultivo menos vulnerable y de mejor calidad en la zona”, expresó Fabio Wyss, técnico del INTA de la agencia de Santo Pipó, Misiones.

Para que el cultivo sea rentable y pueda competir, el ciclo no debe superar de los 12 a los 14 meses desde trasplante a cosecha. En enero de este año, el rendimiento promedio llegó a  1,650 kilogramos por fruta, con un precio de $10 la unidad en chacra. “Esto representa un muy buen promedio porque las frutas que se venden en el mercado rondan el 1,200 Kg y son de menor calidad”, señaló el técnico del INTA.

Uno de los mayores desafíos que presentaba el cultivo era que la floración natural en un lote  se daba en diferentes momentos. “Eso hacía que la cosecha tomara más tiempo”, indicó Wyss y explicó: “Para ajustar el momento de floración trabajamos en la inducción de las plantas. Una vez que las plantas pesan 2 kg, se les aplica una hormona inocua llamada ethrel, que genera el estimulo para la floración”.

De esta manera, se asegura un desarrollo parejo y una floración uniforme, para que el tiempo de cosecha no supere el mes. “Teníamos que ver qué tamaño de plantines era adecuado, identificar los fertilizantes, trabajar en la inducción para que todo el ananá florezca y se coseche junto”, aseguró Wyss.

En enero de este año, el rendimiento promedio llegó a 1,650 Kg por fruta, con un precio de $10 la unidad en chacra.

El primer ensayo de inducción se hizo en el año 2010. Se realizaron varios tratamientos con y sin hormonas, para detectar su eficiencia. Allí, “registramos un 90% de floración en las plantas inducidas con hormonas, en cambio las que no fueron tratadas no llegaron a floración”, destacó Wyss.

Otra clave para mejorar el rendimiento en los invernaderos es aplicar riego por goteo. Durante la primera etapa del cultivo, los técnicos del INTA realizaron una fertilización dirigida, planta por planta. De acuerdo con el técnico del INTA, una vez que las plantas de ananá alcanzan cierto tamaño “no puede aplicarse fertilizante en forma dirigida, por eso en la última etapa se fertilizó por riego”.

Además de las heladas, otra amenaza que tiene la producción de ananá a es una enfermedad causada por un  hongo llamado Phytoftora, que provoca una podredumbre que puede matar la planta. Para evitarlo, se realizó una selección previa a todas las mudas que tenían indicios de esa enfermedad y se plantaron sólo las que estaban sanas. “Después se hizo un manejo sanitario con fungicidas preventivos y así se evitó la presencia de esta enfermedad, que complica mucho la producción a cielo abierto”, concluyó Wyss.

Fabio Wyss, técnico del INTA de la agencia de Santo Pipó, Misiones

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