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22 de abril de 2013

Mil familias se asociaron para mejorar su comercialización


Lo realizaron con el apoyo del INTA y de instituciones internacionales, nacionales y locales, en el centro norte de Entre Ríos. Allí articularon su trabajo y sus capacidades para mejorar la calidad de vida.

Mil familias se asociaron para mejorar su comercialización

Cuando organizarse es sinónimo de potenciar las capacidades individuales, nacen proyectos de articulación entre instituciones para el desarrollo y mejora de la calidad de vida de las personas. Por eso en Entre Ríos más de mil familias se asociaron para trabajar en la mejora de sus producciones y el desarrollo de nuevos canales de comercialización. Este es el punto de partida de experiencias que se desarrollan a lo largo y ancho de la Argentina.

“La unión hace la fuerza”, dice la frase popular, y refleja la experiencia de trabajo pequeños productores, artesanos y emprendedores del centro norte de Entre Ríos que juntos, y con el acompañamiento del INTA y otras instituciones, articulan su trabajo, juntan su capital y sus capacidades, se genera una sinergia que beneficia a todos y el todo tiene más fuerza que la suma de las partes.

María José Marnetto, del INTA María Grande –Entre Ríos–, recordó cómo se inició la experiencia: “El proyecto se inició en 2010. Se tomó como base todo el trabajo que venían realizando distintas instituciones en el territorio. El objetivo fue promover la organización y el desarrollo comercial de las familias rurales y emprendedores del centro norte entrerriano”. Esta región tuvo como base la acción de los programas Minifundio y Profam.

El trabajo en conjunto y organizado genera oportunidades sociales y laborales, aporta económicamente y es el motor para que se desarrollen nuevas organizaciones. En la actualidad, la Red Comercial 127/12 abarca 50 localidades –de los departamentos de Feliciano, Federal, Paraná, La Paz y Federación– incluidas entre las rutas 127 y 12. Estos lugares, en su gran mayoría, no superan los 2000 habitantes y, en general,  las economías familiares son de subsistencia.

Cuando los productores articulan su trabajo, juntan su capital y sus capacidades, se genera una sinergia que beneficia a todos y el todo tiene más fuerza que la suma de las partes. “La idea fue organizar, coordinar y acompañar los grupos de trabajo que se establecieron entre los productores que formaron la red para potenciar la comercialización”, señaló Marnetto y agregó: “Siempre en base al trabajo conjunto”.

“Una de las primeras acciones fue el desarrollo de canales de comercialización para los productos regionales”, expresó la técnica del INTA. De esta manera, los pequeños productores acceden a recursos técnicos comerciales como registros, marcas, envases, calidad y trazabilidad, desarrollan escalas de producción (obras físicas para comercialización, ferias francas, salones de exposición, muestras), fortalecen el asociativismo y potencian estrategias de microcrédito.

En este sentido, la incorporación de socios internacionales como el Ministerio de Cooperación y la Internationale Landvolkdinst de Rohndorf, ambos de Alemania, fue fundamental para apoyar las estrategias de financiamiento. Desde el ProFeder, este tipo de acciones son consideradas imprescindibles para aportar al fortalecimiento organizativo de los productores familiares.

Viviana Pérez, hilandera y miembro de la red, fue una de las productoras que de a poco vivió la experiencia de comercializar más allá de los límites de su región. Participó en la feria Caminos y Sabores en 2011.

La suma de las partes es el todo

Las actividades productivas que se realizan en esta zona son de las más variadas. Desde hilados y tejidos hasta carpintería rural, pasando por floricultura, elaboración de productos comestibles regionales, trabajos en mimbre y todos tipo de artesanías.

El gran cuello de botella de estos pequeños productores es la comercialización de sus productos. Y es a partir del trabajo asociado que obtienen logros visibles. “Uno de los resultados más relevante es que todos, en mayor o menor medida, mejoraron su comercialización y esto se traduce en un mayor ingreso que repercute directamente en la calidad de vida de todo el núcleo familiar”, afirmó Marnetto.

Pero lo económico no es el único logro. El lado humano y filosófico también tiene sus beneficios. Se dignifica el trabajo, se eleva la autoestima, se valoran las capacidades propias y se revaloriza el rol de la mujer y el los jóvenes rurales.

Con el fortalecimiento de la red, los productores de a poco vivieron la experiencia de comercializar más allá de los límites de su región. Fue así que Viviana Pérez, hilandera y miembro de la red, participó en la feria Caminos y Sabores en 2011.

“Soy una mujer rural y me dignifica mucho que mi propio trabajo me permita obtener un beneficio económico. Estar en una feria y que la gente valore lo que es el trabajo artesanal es muy gratificante”, expresó Pérez.

Asimismo, Pérez destacó que el trabajo organizado y en grupo fue la base todo. “Nos fortaleció, nos hizo crecer y la actividad asociada hizo que se fortalezcan los más débiles, porque cada uno, por separado, puede tener cualidades y fortalezas pero al sumar todas esas capacidades, te potencias y mejoras el trabajo”, afirmó.

El Proyecto comprende distintos niveles de organización, integrados por redes institucionales que lo hacen posible, entre las que se encuentran el INTA, CARITAS, el Ministerio de Producción de la Provincia, el INTI, la Gerencia de Empleos y Capacitación Laboral de Entre Ríos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.

Además se suman la Delegación Provincial de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación, la Fundación ArgenINTA, el Consejo Empresario de Entre Ríos, la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, la Federación de Cooperativas de Entre Ríos, el Museo y Mercado Provincial de Artesanías de Entre Ríos y de Fundación AVINA.

El Proyecto comprende distintos niveles de organización, integrados por redes institucionales que lo hacen posible.